Una historia de la vida real en donde Marta nos comparte su historia de adopción. Los nombres han sido cambiados para mantener la confidencialidad.

 

“José y Yo nos conocimos hace 22 años, desde entonces, él conoce que a mis 14 años fui diagnosticada con una enfermedad que me permite quedar embarazada pero en el momento del parto, mi esposo tendría que decidir entre mi vida y la del bebé. Ante estas circunstancias la decisión de ambos fue no exponer la vida de ninguno mediante un embarazo."

 

Hemos realizado muchas actividades juntos, viajes, paseos, sueños, metas, pero llegó el tiempo en el que ambos sabíamos que era el momento de hacer crecer nuestra familia, por esta razón después de conversarlo, de trabajo psicológico con un profesional en el área nos decidimos e iniciamos los trámites de adopción con el PANI.

 

Al principio en los documentos indicamos que nos gustaría adoptar a 1 niño o niña, sin embargo, un día por estas cosas de Dios se me ocurrió preguntarle a mi esposo si estaría anuente a que fueran dos, (la verdad pensé que me diría que no) y me respondió: “Si nos vamos a aventurar con 1, también pueden ser 2”. Y casi de inmediato cambiamos la indicación en la solicitud para que tomaran en cuenta que estábamos dispuestos a recibir en nuestro hogar a nos pequeños.

 

La espera fue larga, casi dos años, dos años en donde vimos que sin duda alguna, era el tiempo que ambos necesitábamos para prepararnos, para vivir el proceso y afianzar más la decisión que habíamos tomado, confiados en Dios, esperábamos, no siempre con paciencia, pero en nuestro corazón sabíamos que el día llegaría en algún momento.

Historias de Adopción en Costa Rica

Historias de Adopción en Costa Rica

Un viernes como cualquiera, estaba trabajando, cuando recibí una llamada del PANI, esa llamada que tanto había esperado, la que sabía nos cambiaría la vida. La funcionaria del Patronato me anunciaba que habían ubicado a mis dos hijos, ella me los describió físicamente, me dijo como se llamaban, pero yo lo único que hice fue llorar, llorar y llorar, entre como en shock, solo recuerdo que le di las gracias y corte. En el trabajo mis compañeras me preguntaban que me pasaba pero lo único que acate fue llamar a mi esposo. Llame a José, él me contesta que está en una reunión, pero en mi desesperación le dijo “no me importa, necesito que me llame, es urgente”, me llama y le doy la noticia. José me pregunta, ¿Pero que le dijeron? Y yo le dije “no sé llame a este número”. Él llamo y le dieron toda la información, edades, nombres, donde estaban y cuando los podíamos ir a conocer.

 

El lunes estábamos en la oficina de adopciones viendo el expediente y el miércoles los fuimos a conocer, recuerdo que para llegar a la “casita” teníamos que bajar una cuesta, cuando íbamos llegando salió Marco nuestro hijo mayor de 4 años y nos gritó “mamá-papá”, un sentimiento indescriptible, luego conocimos a Lucía (hermanita de Marco) de 2 añitos y desde ese momento supimos que eran nuestros hijos.

Salimos de la visita y tuvimos que salir corriendo a comprar las sillas del carro, contacte a una amiga para pedirle ayuda urgente, ya que necesitamos pintar el cuarto en lo que restaba del miércoles y parte de la mañana del jueves, porque ese jueves los llevamos a conocer nuestra casa, el hogar donde vivirían. El jueves llegamos a la casa, se las enseñamos y nos decían “me gusta mi casa, me gusta mi papá y me gusta mi mamá”. Todo iba saliendo mejor de lo que lo hubiéramos esperado.

 

Después los fuimos a dejar de nuevo al hogar donde se encontraban, mi esposo y yo tuvimos que salir corriendo de nuevo a comprarles ropa, zapatos, pijamas y lo mínimo necesario, mientras tanto mis amigas me ayudan por otro lado con alguna ropita y zapatos de sus hijos, para recibir a mis bebés de la mejor manera.

 

Ha sido una experiencia maravillosa, definitivamente los hijos cambian la vida por completo, en estos 4 meses que tenemos de estar juntos y de ver como mi familia paso de 2 personas a 4, no hay palabras que describan la aventura que hemos vivido juntos. También tengo que reconocer que algunos momentos no han sido fáciles, pero poco a poco lo vamos logrando, con paciencia amor y dedicación. Somos una familia como todas, el verlos a ellos aquí con nosotros, sentir su amor, sus abrazos, sus palabras diciendo mamá y papá, me hacen ver que valió la pena la espera y que fue el tiempo justo y necesario que mi esposo y yo necesitábamos para vivir todo lo que hoy vivimos con amor”.

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